jueves, 15 de noviembre de 2018
Sobran las palabras
Acumulamos palabras para decir lo que sentimos pero muchas veces no encontramos cupo suficiente para ello, no hay ninguna frase que nos haga sentirnos comprendidos por más que busquemos en el diccionario de nuestra mente. En ocasiones solo hace falta encontrar esa foto que nos traslade a un sentimiento mejor, descubrir un poema que empatice con nuestra situación, una guitarra para disminuir la tensión, buscar una mano que nos acaricie el corazón o acortar distancias entre nuestro oído y la voz de un amigo.
Con razón decimos que en ocasiones “sobran las palabras”, que “con un gesto basta” y que “hay imágenes que valen más de mil palabras”. Muchas veces nos cuesta encontrar conceptos para ponerle nombre a lo que sentimos, nos supone un reto ordenarlos y crear una descripción que resulte cohesionada para el oído ajeno y acertada para el propio.
A veces es una canción, esa que suena de pronto en la radio y que alegra un mal día, esa a la que recurrimos como alimento básico y no perecedero de nuestra alma, esa letra que se guía de música y que se convierten en unas palabras prestadas que encajan en nuestra situación y definen lo que nos ocurre sin conocernos.
Otras veces es un abrazo que se recibe en el momento preciso, que aparece en el instante en que andabas ojeando en el diccionario, vocablos para expresar lo que sientes. Abrazos que son salvavidas en el mar de las emociones. Abrazos que definen a quien los da, que cohesionan las partes de quien lo recibe y llenan de significado el momento.
Puede ser el silencio el que nos de las respuestas. La ansiada explicación deja de interesar cuando te encuentras contigo mismo, cuando levantas tu piel y descubres del fuerte material del que estás hecho.
Otras veces es una sonrisa, un conversar sin prisas, una mirada que te da cuenta de que no eres invisible, un oído que se posa en tu pecho y comprende lo que te sucede solo con oír el compás que marca tu corazón.
En muchas ocasiones es esa persona que llega a ti en forma de regalo sin envolver, y que con su empatía, su mezcla de gestos, palabras e historias en común, te inspira y ayuda a reordenar el discurso de tus emociones. Y es que…
-Un te quiero se pronuncia con la boca pero se dice con el corazón-
Por más que nos empeñemos, las palabras no son suficientes, y más que protagonistas son complemento. Las palabras son necesarias, pero el grado de empatía, nuestro efecto en los demás, no depende de la facilidad de oratoria, sino de saber radiografiar para no quedarnos en la piel, de ser capaz de abrazar con una mirada y de ser el resultado más protagonista que la acción.
Que un discurso tenga calidad no asegura su éxito. El éxito depende de la conexión entre tus palabras y el corazón oyente.
Las palabras son sólo el vehículo que transporta el mensaje (caricias, puñaladas o indiferencia) al corazón.
No te asustes si no encuentras ideas que definan lo que sientes, porque puede que la definición esté en un abrazo, en una canción o en un oído amigo.
No te desubiques a pesar de que no consigas elaborar un discurso que defina tu situación porque…
Las cosas que no son cosas se definen con el corazón
martes, 13 de noviembre de 2018
Nadie pierde por dar amor, pierde quien no sabe recibirlo
Nadie pierde por dar amor, porque ofrecerlo con sinceridad, con pasión y delicado afecto nos dignifica como personas. En cambio, quien no sabe recibirlo ni cuidar ese inmenso regalo es quien pierde de verdad. Por ello recuerda, nunca te arrepientas de haber amado y haber perdido, porque lo peor es no saber amar.
Afortunadamente la neurociencia va ofreciéndonos día tras día reveladoras informaciones que nos explican por qué actuamos como actuamos en esto del amor. Lo primero que conviene recordar es que el cerebro humano no está preparado para la pérdida, nos supera, nos inmoviliza y nos enclaustra durante un tiempo en el palacio del sufrimiento.
“El amor no tiene cura, pero es la cura de todos los males”
-Leonard Cohen-
Estamos programados genéticamente para conectar entre nosotros y para construir lazos emocionales con los que sentirnos seguros, con los que edificar un proyecto. Es así como hemos sobrevivido como especie, “conectando”, de ahí que una pérdida, una separación e incluso un simple malentendido haga que salte al instante la señal de alarma en nuestro cerebro.
Ahora bien, otro aspecto complejo sobre el tema de las relaciones afectivas es el modo en el que afrontamos dicha separación, dicha ruptura. Desde un punto neurológico cabe decir que empiezan a liberarse al instante las hormonas del estrés, conformando en muchos casos lo que se conoce como “el corazón roto“. Sin embargo, desde un punto emocional y psicológico, lo que sienten muchas personas es otro tipo de realidad.
No solo experimentan el dolor por la falta del ser amado. Sienten una pérdida de energía, de aliento vital. Es como si todo el amor dado, todas las esperanzas y afectos dedicados a esa persona se hubieran ido también, dejándolos vacíos, yermos, marchitos…
Entonces… ¿cómo volver a amar de nuevo si lo único que habita en nuestro interior es el polvo de un mal recuerdo? Es necesario que afrontemos estos momentos de otro modo. Te hablamos de ello a continuación.
Dar amor o evitar amar de nuevo
Todos nosotros somos un delicado y caótico compendio de historias pasadas, de emociones vividas, de amarguras soterradas y miedos camuflados. Cuando se inicia una nueva relación nadie lo hace enviando previamente todas sus experiencias pasadas a la papelera de reciclaje. Nadie empieza de “0”. Todo está ahí, y el modo en que hayamos gestionado nuestro pasado hará que vivamos un presente afectivo y emocional con mayor madurez, con mayor plenitud.
“Es mejor haber amado y perdido
que nunca haber amado en absoluto”
-Alfred Lord Tennyson-
Ahora bien, el hecho de haber vivido en piel propia una amarga traición o, sencillamente, percibir que el amor se ha apagado en el corazón de nuestra pareja cambia mucho el modo en que vemos las cosas. Dar amor con intensidad durante una época determinada, para después quedarnos vacíos y enclaustrados en la habitación de los recuerdos y las ilusiones perdidas, cambia muchas veces la arquitectura de nuestra personalidad.
No falta quien se vuelve desconfiado, e incluso quien desarrolla poco a poco la gélida y férrea coraza del aislamiento donde interiorizar el clásico mantra de “mejor no amar para no sufrir“. Sin embargo, es necesario derribar una idea básica en estos procesos de lenta “autodestrucción”.
Nunca debemos arrepentirnos de haber amado, de habernos arriesgado a un todo o nada por esa persona. Son esos actos los que nos dignifican, los que nos hacen ser humanos y maravillosos a la vez. Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos: nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestras relaciones personales y afectivas…
Si renunciamos a amar o nos arrepentimos por haberlo ofrecido, renunciamos también a la parte más hermosa de nosotros mismos.
Según un estudio llevado a cabo en la University College London, existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar una ruptura afectiva. La respuesta emocional parece ser muy distinta. Las mujeres sienten mucho más el impacto de la separación, sin embargo es común que se repongan antes que los hombres.
Ellos, por su parte, suelen aparentar estar bien, se visten con la máscara de la fortaleza refugiándose en sus ocupaciones y responsabilidades. Sin embargo, no siempre logran superar esa ruptura o tardan años en hacerlo. ¿La razón? El sexo femenino suele disponer de mejores habilidades para gestionar su mundo emocional. Facilitar el desahogo, buscar apoyo y afrontar lo ocurrido desde una perspectiva donde se halla el perdón y la actitud de pasar página suele hacer las cosas más fáciles.
Sea como sea, y más allá de los géneros o del motivo que haya originado esa ruptura, quedan claras algunas cosas que es necesario inocular en nuestro corazón a modo de vacuna. Ningún fracaso emocional debe vetarnos nuestra oportunidad de ser felices de nuevo. Digamos “no” a ser esclavos del pasado y eternos cautivos del sufrimiento.
Otro aspecto que es bueno recordar es que amar no es sinónimo de sufrir. No alimentemos esperanzas o alarguemos el “chicle” de una relación que de antemano tiene fecha de caducidad. Una retirada a tiempo salva corazones y un adiós valiente cierra una puerta para abrir otra, esa donde el amor se conjuga siempre con la palabra FELICIDAD.
domingo, 11 de noviembre de 2018
Lo que tus hijos siempre recordarán de ti, cuando crezcan
Sin duda, criar un hijo no es tarea fácil, solo las personas que vivieron en carne propia esa experiencia pueden saber lo que implica la crianza de un niño.
Pero aun así, siempre se debe hacer el mejor esfuerzo por ellos, aunque no exista perfección, y los errores siempre esten presentes.
Lo cierto es que, las vivencias de esos niños marcarán su vida para siempre, tanto en las cosas positivas como en el aspecto negativo. Ser buenos padres, no se trata solo de llenar a los hijos con lujos y comodidades, también está de por medio el amor, la confianza y la comprensión más las enseñanzas inculcadas.
Estas son las sensaciones que los hijos recordarán de sus padres cuando crezcan.
1- El tiempo que les dedicaste.
Muchos padres trabajan sin descanso para darles lo mejor a sus hijos y eso es de admirar, pero no olvidemos que los niños necesitan la compañía de las personas a quienes más aman. El trabajo es necesario, así como las comodidades, pero no existe nada más importante el tiempo que les dediques a tus hijos.
2- Tu ejemplo como persona.
Son nuestros hijos e hijas quienes mañana serán los responsables de hacer un mundo mejor, según la educación y valores que hayan recibido desde pequeños.
Una vez que una persona se ha formado como adulto, es mucho más difícil que sus ideas cambien, aunque no es imposible.
Pero es por eso que es mejor criarlos dentro de acciones y buenas costumbres para que sean personas honestas y de buenos modales cuando crezcan recordando todo aquello que los padres les inculcaron.
Tus hijos te tomarán como modelo para sus propios roles en la sociedad, por lo que siempre recordarán lo que tú haces, no puedes pedirle que sean amables, si tu no lo eres. Los hijos cuando crezcan serán nuestros reflejo, se un buen espejo.
3- La protección que les brindaste.
Los niños son indefensos, inocentes e inexpertos en todos los ámbitos de la vida. La tarea de los padres es proteger la integridad de sus pequeños.
Todos esos cuidados quedarán grabados en sus recuerdos a fuego, más allá de los lujos y cosas materiales que les ofrezcan.
4- Las motivaciones.
Jamás dejes de recordarles a tus hijos que son “capaces “de lograr lo que sueñan si se esfuerzan por lograrlo, no les hagas pensar que hay cosas imposibles en la vida, pues dependen de ellos ver hasta dónde llegan sus capacidades.
En tus manos esta motivar a tus hijos y guiarlos para que se desarrollen y lleguen al éxito, que los hará recordarte con tu apoyo incondicional.
5- Cuando jugabas con ellos.
Muchos padres creen que es una pérdida de tiempo jugar con los hijos. Y como resultado se crían personas aburridas, con vergüenza, y no tienen idea de cómo divertirse.
El sentido del humor es muy importante en el crecimiento de los hijos. La mejor forma de hacer que tus hijos te recuerden es dándose esa libertad de divertirse y compartir cosas divertidas e imaginativas con ellos.
6- Tus palabras de afirmación y tus palabras de críticas.
Parte de nuestro trabajo como padres es corregir y disciplinar a los hijos, pero incluso en esas correcciones las palabras tienen que contener amor, aliento, y positivismo.
El corazón de un niño es como el cemento húmedo, y las marcas que se dejan a temprana edad se endurecen con el tiempo. Es por eso que se debe tener cuidado con las palabras en esos años de formación.
7- Las tradiciones Familiares.
A los niños les encanta la espontaneidad, pero también tienen profundas necesidades de previsibilidad. Ellos recuerdan con mucho cariño las “tradiciones” cosas por más insignificantes que parezcan las llevarán en sus memorias. Ver películas en familia todas las semanas, las reuniones de toda la familia en los eventos importantes, las vacaciones todos los años.
8- El tipo de relación que tienen sus padres.
Los hijos van formando sus puntos de vista del amor en gran parte al ver la relación de sus padres. Es por eso que se deben esforzar en tener una pareja o matrimonio en armonía, que los entusiasme a querer formar en un futuro un hogar lleno de amor como el de sus padres.
Una relación comprometida y amorosa les brindará seguridad y lo recordarán sus hijos.
9- El apoyo que les diste en momentos complicados.
Es muy importante sembrar la seguridad en los niños, en sus virtudes y capacidades, no porque sean pequeños quiere decir que no van a necesitar tus palabras de ánimo y consuelo, todo el tiempo.
Basta con que se les dé un reconocimiento cuando lo necesite, tampoco hay hacerles sentir excepcionales por cualquier razón.
10- Las demostraciones de amor.
Los niños necesitan escuchar que los amas, necesitan experimentar el afecto de muchas formas. Es posible que los hijos no recuerden los juguetes caros que les regalaron, pero no olvidarán esos abrazos que les daban.
Capaz no recuerden cada momento de demostración de amor, pero es más que seguro, de que habrá uno que quedará grabado en su mente. No olvides de decirle a tu hijo que lo amas, y abrázalo todo lo que puedas.
jueves, 8 de noviembre de 2018
Las 9 cosas que una pareja no debe hacer nunca.
En los inicios de una relación todo va rodado. Aún no existen obligaciones, te mueres por volver a ver de nuevo a esa persona, solo conoces su lado positivo –o, al menos, no tienes ningún interés en fijarte en lo malo– y sueles compartir únicamente los momentos de disfrute. Sin embargo, conforme avanza el tiempo llega ese inevitable punto en el que hay que dar un paso adelante y estabilizar la relación o, en cambio, dejar todo en el aire y que los momentos juntos se vayan diluyendo para acabar distanciándose el uno del otro.
En aquellos casos en los que se decida oficializar la relación es cuando comienza el verdadero desafío, puesto que es entonces donde se decide construir un proyecto en común y compartir algo más que los momentos de placer. El éxito o fracaso de las parejas puede depender, en cierta medida, de factores externos, pero el garante para que se mantenga a lo largo del tiempo reside en la actitud de los enamorados, no solo respecto al otro, sino también respecto a uno mismo y a los citados agentes externos. La historia de la media naranja perfecta con la que todo funcionará a las mil maravillas porque hay una compatibilidad plena no existe.
Obsesionarse con que cada uno haga el 50% solo generará conflictos y que se esté más pendiente de que lo que se hace o deja de hacer
Esto no quita que haya parejas en las que parezcan perfectos el uno para el otro. Quizá puedan tener más afinidad de lo habitual, pero lo cierto es que han sido capaces de llegar a acuerdos para conseguir que la relación fluya en de los buenos momentos y relativice los malos. Son estos pequeños actos los que les permiten vivir el día a día de manera más armoniosa. Algunos de estos consejos los recoge 'Prevention' en un interesante artículo.
Los niños no son lo único
No es raro que cuando nazcan los hijos, las parejas centren todos sus esfuerzos en ellos. Los más pequeños deben ser una parte importante de la familia, pero también hay que sacar tiempo para cuidar la relación de amor entre el uno y el otro. “La programación semanal no debe ceñirse solo a las clases, actividades extraescolares y los deportes de nuestros hijos” hay que mantener la llama de la pareja aunque ya haya niños de por medio.
No se obsesionan con repartir por igual
Si uno sale a tomar algo el viernes, no tiene por qué tocar al otro al día siguiente. Si uno lava los platos durante una semana, el otro no tiene por qué hacerlo durante los próximos días, etc. Obsesionarse con que cada uno haga el 50% solo generará conflictos y que se esté más pendiente de lo que se hace o deja de hacer. Lo importante es que cada uno dé lo mejor de sí. “No hay una escala para medir una relación feliz, las parejas deben querer lo mejor del uno para el otro”.
No se ignoran
En una relación de pareja suele presuponerse el afecto, pero también hay que demostrarlo. Pequeños detalles como darse los buenos días, besarse o acariciarse cuando uno esté, o no, decaído son básicos en el día a día. Por muy manido que esté el refrán de “el roce hace el cariño”, lo cierto es que encierra una gran verdad.
No buscan el mejor momento
Está claro que la carrera profesional y las obligaciones laborales disminuyen el tiempo para uno. Esta ausencia de tiempo hay que multiplicarla por dos a la hora de encontrar espacios en común en una pareja, más aún si hay niños de por medio. No siempre es sencillo encontrar un momento para dar rienda suelta a las pasiones, pero hay que ser conscientes de que la situación propicia hay que buscarla y provocarla, porque no siempre es sencillo que llegue por sí sola. Es básico que cada uno ponga de su parte, porque a lo mejor quedan meses hasta que se pueda hacer aquella deseada escapada a una casa rural perdida de la mano de Dios.
Nunca se burlan el uno del otro
Las bromas y el humor pueden ser un generador de buen rollo en las parejas, pero siempre y cuando estas no se conviertan en sarcasmo. La burla, además de no sentar bien al que es objeto de ella, suele enmascarar frustración o resentimiento. “Este comportamiento nunca termina bien”.
No critican a su pareja
Está claro que la crítica constructiva es una de las mejores vías para conocerse mutuamente y llegar a puntos en común, no tiene nada que ver una crítica con ser crítico con la pareja.
La burla, además de no sentar bien al que es objeto de la misma, suele enmascarar frustración o resentimiento del uno hacia el otro
Lo primero consiste en partir de un hecho particular para explicar una situación incómoda, lo segundo es una queja general, dañina y poco fundamentada. “No es lo mismo decirle a tu pareja que estás preocupado porque ha llegado tarde y no te ha llamado, que abroncarle por lo sucedido afirmando que no cree que sea olvidadizo, sino egoísta porque no piensa en ti”.
No comparan
“Marta ha regalado esta preciosa moto a Marcos, tú no me haces esos regalos”, quizá el ejemplo sea un tanto exagerado, pero la realidad es que no es raro el recurrir a la comparación para criticar el funcionamiento de una relación. El comparar no tiene por qué ser negativo, pero no debe abusarse de hacerlo respecto a agentes externos. Cada pareja tiene sus propias reglas y particularidades, por lo que es más inteligente compararse a uno mismo respecto a otro momento anterior y fijarse en cómo ha evolucionado la propia relación, en vez de la de otros.
No solo tienen cariño para los niños
Para un padre sus hijos son su tesoro más preciado y su cariño es tremendamente gratificante, pero al igual que todos los esfuerzos de una pareja no deben enfocarse a las actividades de sus hijos, tampoco se debe reservar todo el cariño a ellos. El amor paterno-filial nunca debe desplazar al de pareja.
No se estresan por las discusiones
Discutir no es algo apetecible, desde luego, pero no es raro que una pareja tenga sus más y sus menos. Un error común es el de dar más importancia a estos momentos de la que verdaderamente tienen. No hay pareja que pueda aguantar que cada choque se convierta en una crisis que pueda acabar con la relación. Si nos paramos a pensar, ¿cuántas disputas son realmente importantes? En un ambiente sano los roces deben verse como algo propio de la convivencia y, en ocasiones, no hace falta ni buscar solución. Es básico detectar los problemas reales y relativizar los pequeños desencuentros.
martes, 6 de noviembre de 2018
Consejos para calmar los celos de tu pareja
Los celos en la pareja son siempre una fuente de malestar y de sufrimiento tanto para la persona que los tiene como para el que padece las consecuencias, además de un motivo frecuente de ruptura. Pero “es imprescindible tener siempre presente que, si bien crean desavenencias importantes dentro del ámbito de la pareja, estos son tarea única del miembro que los siente”.
Es frecuente que la persona celosa culpe a su pareja de sus propios sentimientos, haciéndole creer que si cambiara su forma de actuar o de relacionarse con los demás, los celos no tendrían por qué tener lugar. Esto es completamente inadmisible -explica la psicóloga- además de totalmente disfuncional y poco reparador para el buen funcionamiento de la pareja. “Los sentimientos y emociones que tenemos son siempre única y exclusivamente nuestros y no dependen de lo que haga o deje de hacer el otro”
“El truco de los celos está en saber manejarlos a tu favor antes de que se descontrolen. Claro, que estamos hablando de los celos moderados que, aunque estén infundados, surgen al principio de la relación cuando aún se están conociendo. No hablamos de las relaciones codependientes y enfermizas en las que la pareja necesita terapia o separarse por pura salud mental”.
Los celos desafían la condición humana, desarrollando conductas inapropiadas y pensamientos irracionales.
Necesitas educar a tu pareja para que confíe en ti. Si lo piensas, tu confianza en cada persona es diferente, cada una te ha dado motivos distintos para confiar en ella.
“Lo mismo pasará con tu pareja, necesita encontrar los motivos para confiar en ti, acostumbrarse a hacerlo y a reforzar esos motivos constantemente”.
Cabe aclarar, que no es tu responsabilidad ayudar a tu pareja a dejar de ser celoso. Sin embargo, hay que ser realistas y reconocer que por el bien de la relación, vale la pena darle un empujoncito siendo totalmente transparente.
Sé muy clara, trata de ser sincera y congruente. Recuerda hacerlo sentir amado, deseado y protegido, tanto como a ti te gustaría sentirte en la relación.
Tampoco vayas a convertirte en su mamá. Si nada de esto funciona, es momento de asistir a terapia.
Tips
1-Ten claro que tú NUNCA eres el/la culpable de sus celos. Lo primero que tienes que creerte para poder ayudar a tu pareja con su problema es que tú no tienes nada que ver en cómo vive tu forma ser y de relacionarte con tus amistades, exparejas, etc. Si tú dudas de ti mismo, esas dudas acabarán siendo también suyas. Haz siempre lo que tú consideres correcto según los “Terms & Conditions” que ambos hayáis fijado para vuestra relación y deja que sea el celoso quien se ocupe de sus sentimientos.
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2-Déjaselo claro. Una vez que tú seas totalmente consciente de que tu forma de estar en la pareja es sana y sincera, hazle saber a la persona que tienes al lado que sus celos son solo suyos puesto que es quien los siente y, por tanto, solo ella tiene el poder de cambiarlo. Insiste en que el responsable de las emociones es quien las siente.
3-No cambies. Dado que no eres tú quien provoca los celos de tu pareja, no hay ninguna necesidad de que cambies tu estilo de vida ni de que elimines de ella a personas que para ti son importantes. Quien te quiera y decida estar contigo debe aceptar que las personas que forman parte de tu vida también forman parte de ti y de tu esencia.
4-Pon límites. Si tu novio/a es celoso, lo más probable es que intente mantener a raya este sentimiento desde el control. Debes saber que la pareja es una parte importante de la vida de las personas, pero no la única. Es importante que existan parcelas de privacidad que no quieras compartir con la otra persona y eso no significará que le estés ocultando nada ni que le estés haciendo daño, sino que tienes consciencia de que sigues siendo un individuo completo con una vida que va más allá de la parte que compartís. Esto te da derecho a tener privacidad en el teléfono y redes sociales y libertad de movimiento, por lo que no te veas obligado a tener que dar tus claves o a dar cuentas de todos tus pasos.
5-Déjale claro que le quieres. Formar parte de una pareja es una decisión que se toma libremente. Esto que parece tan obvio es algo que, quizá, tu pareja celosa no se haya planteado o le cueste asumir. Es importante que entienda que si has decidido tener la relación que tenéis es porque la quieres a ella y no a otra persona.
domingo, 4 de noviembre de 2018
¿Vives solo para agradar a los demás? Aprende a decir NO
Si pasas todo el día pensando en agradar y satisfacer a los demás, debes saber que te estás olvidando de algo: la primera persona a la que le debes atención a ti misma.
Si no lo haces, más tarde o más temprano lo pagarás caro.
Errores
Complacer permanentemente a los demás es una carga muy pesada: una sola persona puede tener varias exigencias y si se trata de más de una, debes sumarlas todas y hacer verdaderos juegos de equilibrio.
Al atender únicamente a los deseos de los demás, terminas siendo como un robot al servicio de los demás.
¿Por qué lo hacemos?
Normalmente pensamos que los demás son más inteligentes o más capaces que nosotros y que por ello, lo que digan debe estar bien.
En otras ocasiones, tenemos temor de no caerles bien, de herirlos o de enojarlos.
Finalmente, puede ser que tengamos un miedo muy grande a equivocarnos
En todos los casos, lo que prima es una desvalorización de lo que somos y lo que valemos.
¿Por qué los demás sabrían más de todo? ¿Por qué no pensar que somos capaces de tomar decisiones y hacer las cosas?
Y si te equivocas… ¿cuál es el problema? Somos humanos, todos nos equivocamos, pero lo importante es aprender de nuestros errores para la próxima oportunidad.
Además, si te equivocas haciendo lo que tú pensabas, es lógico que debas asumir el fallo, pero ¿qué ocurre si lo haces haciendo lo que otro te dijo que hagas? El error será igualmente tuyo, porque tú lo hiciste.
Por ello, siempre lo mejor es actuar de acuerdo a tu actuar y sentir. De esa forma, te harás cargo de lo que dices y haces, aprenderás y te perfeccionarás para la próxima vez que estés en una situación similar.
Eso sí: si las cosas salen bien y estabas haciendo lo que otro te dijo, el mérito lo tomará él.
Lo imposible
Definitivamente debes aprender algo sobre agradecer y satisfacer a los demás.
Algo que puede hacerte cambiar tu forma de encarar la relación con los otros.
Es algo muy simple y quizás ya lo sepas y es que resulta imposible agradar y satisfacer a los demás todo el tiempo, porque siempre faltará algo o una cosa no estará tan bien como debería estarlo.
Cuando una relación, sea familiar, afectiva o laboral, se basa en que una de las partes se limita a agradar y satisfacer los deseos de la otra, es algo poco saludable. En algún momento, se interrumpirá el flujo de satisfacción y aparecerán los problemas.
¿Y qué ocurre si, por algún motivo, no se puede satisfacer a la persona acostumbrada a recibir? Pues esta se ofenderá, se enojará o se sentirá defraudada.
Daño
Para la persona que siempre está acostumbrada a dar, la situación es difícil: sus propios deseos en general son ignorados y cuando no pueden satisfacer a los otros, se le echará en cara.
Además, se expone siempre a un gran desgaste emocional.
Se puede decir, en pocas palabras, que complacer a los demás puede hacernos mucho daño. Es algo que nos han inculcado desde pequeños, pero pocas veces nos han hablado de los límites que esto debe tener.
Cuando estamos “al servicio” de los demás, muchas veces callamos nuestros verdaderos deseos, hacemos lo que ellos quieren y vamos “tragando” pequeñas o grandes frustraciones, cosas que vamos dejando pasar. Mostramos a los demás una versión diferente de nosotros mismos, para amoldarnos a lo que ellos necesitan o desean.
En algún momento, estas frustraciones, postergaciones y decepciones son tantas que pueden llevar a un estallido emocional y a un punto de quiebre, en el que nos planteamos qué estuvimos haciendo hasta ahora y qué es lo que realmente queremos para nosotros. Incluso nuestra propia personalidad se ve comprometida y llegamos a dudar hasta de quiénes somos.
Qué hacer
Lo más importante, es que la primera persona por la que debes velar, eres tú misma y debes tener el número uno en tu lista de prioridades.
Para que el complacer a los demás no te haga daño, debes tener en cuenta los siguientes puntos:
1 Reconoce tus opciones: Si alguien te dice que hagas algo, tienes siempre la opción de aceptar, negarte o decir “tal vez”. No tienes la obligación de decir que sí, aunque eso sea lo que sientes. Si alguien te pide algo, tómate un momento y recuerda que tú eliges cómo responder.
2 Aprende a decir NO: Si siempre dices “sí” a todo, incluso cuando no quieres o cuando te causa estrés, empieza a decir “no”. Te puede resultar algo incómodo al principio y te llevará un poco de tiempo aprender a hacerlo, pero diles NO a las personas cuando no puedes hacer algo que ellas quieran. No tienes por qué inventar excusas o razones para salir de la situación, un simple “no” o “gracias” bastará.
3 Di NO en forma empática: quizás el no te resulte violento y así puede resultar, dependiendo de cómo se diga. Demuéstrale a esa persona que entiendes sus necesidades, pero sé firme al decir que no puedes ayudarla. Por ejemplo: “Sé que quieres tener ese celular, me encantaría regalarte uno, pero no me es posible hacerlo en este momento”.
4 Date tu tiempo: cuando alguien te pide algo no urgente y que puede demandar mucho trabajo o tiempo, puedes pedir un tiempo para responder. De acuerdo a tus posibilidades, podrás decir sí o no. En cambio, si esa persona necesita que le respondas “ya”, dile que no. Si le dices “sí”, estarás atrapado.
5 Establece tus prioridades, no dejes de lado lo que tú estimas más importante por complacer a otra persona.
6 Fija límites: “te ayudaré por este tiempo” o “haré esto por ti”. Siempre se debe ser específico con respecto a la manera en que se va a ayudar.
Lo más importante es que te tengas en cuenta a ti primero: valorarte y apreciarte es algo que nadie puede hacer por ti.
viernes, 2 de noviembre de 2018
Los hábitos que más energía nos roban
A menudo, como personas; solemos desarrollar una serie de costumbres y actitudes para ciertas situaciones que de forma paralela nos pueden agotar mentalmente de una manera pasiva.
Los problemas subyacentes.
Esas preocupaciones latentes, que están allí, pero que no la tomas en cuenta de una manera activa; cosas como la estabilidad económica, la seguridad de tus niños, quizás problemas familiares, los estudios o tal vez el temor de lo que está por venir en tu día a día. Esto brinda un estado de estrés constante de la cual no estás plenamente consciente y te puede perjudicar física y mentalmente.
La presión social.
¿Has sentido la necesidad de adaptarte a alguna situación de la que no estabas del todo cómodo para poder simpatizar con tus iguales? Esa inseguridad de no encajar con tu grupo de amigos o con la sociedad puede agotarte mental y psicológicamente; debes tener en cuenta el amor propio y el orgullo.
¿Dedicas largas horas de tu día al trabajo?
Trabajar por largos periodos de tiempo, no solo puede agotarte físicamente, si no mentalmente; esto puede provocar que tu rendimiento en el trabajo sea mermado por el desgaste constante. Procura asegurar el tener un tiempo para ti mismo, descansar y relajarte.
Pero recuerda, el procrastinar tampoco es la solución.
Procrastinar por si alguien no lo sabe, significa el dejar las responsabilidades para después en pos de dedicar tu tiempo en otras tareas que nos son fútiles para el desarrollo personal o profesional. Jamás dejes tus responsabilidades de cualquier índole para último momento; ya que seguramente el constante recordatorio subconsciente de estas solo aumentara el estrés y las preocupaciones. La clave está en la organización del tiempo.
Y hablando de organización…
Una de las causas que pueden generar estrés puede ser el desorden, si eres una persona no muy ordenada, podrías generarte preocupaciones a largo plazo, por lo que lo que es altamente aconsejable generar costumbres organizacionales, por ejemplo jamás dejar que se acumulen los platos sucios, acomodar siempre la cama y similares. Esto también es acompañado a un buen orden horario; ya que como anteriormente mencione, la mejor manera de llevar una vida saludable es la organización de tu tiempo, pero por supuesto, no es necesario seguir todo esto al pie de la letra, basta con que cumplas tus responsabilidades importantes.
Pocas horas de sueño.
Así como la falta de organización, las escasas horas de sueño pueden provocar lo que es obvio, una falta de rendimiento en tu día a día, fatiga física y por supuesto agotamiento mental constante. Como es comúnmente recomendable, lo mejor es dormir entre ocho y nueve horas de sueño y por supuesto, evitar en lo posible el trasnocho; ya que esto podría provocar una modificación a tu reloj interno y complicar tus periodos de sueños.
La ansiedad.
Se sabe científicamente que un poco de ansiedad (adaptativa) en la vida es saludable, ya que te permite confrontar y manejar mejor las exigencias de las tareas dirías del día, ya que es un mecanismo natural del cuerpo hecho para poder mantener un estado de alerta frente a situaciones de peligro pero este estado o sentimiento puede salirse de control de forma progresiva si decides tomar demasiados deberes a la vez o dejar que se acumulen las responsabilidades; por lo que obviamente deja de ser saludable y puede pasar a un estado patológico degastando progresivamente tu estado mental. Por lo que es recomendable tomar las cosas con calma si te das cuenta que estas sintiendo mucha ansiedad o tensión. Sal a caminar, estírate o toma algo que ayude a relajarte.
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